http://www.freeminds.org/psych/structur.htm

reimprimido de la revista de Nov/Dic de 1987 Bethel Ministries Newsletter

¿Amar la Estructura o Amar a Dios? 

Por Randall Watters

Traducido por David García Claussell de: 

Love of Structure or Love of God? 

La maldición de la imperfección del hombre es que tarde o temprano nuestras vidas se resbalan de nuestro control. No sólo las circunstancias frecuentemente se van de nuestro control, sino que nos encontramos que no estamos manteniendo nuestros propios principios. Somos incapaces de lograr una estructura moral perfecta, y esto nos molesta nuestra conciencia. Cuando pecamos contra otra persona o nuestros propios cuerpos, esto también importuna nuestra conciencia. Esta experiencia no es exclusiva de los cristianos, es común en todas las personas, sin tener en cuenta su persuasión religiosa. Incluso los ateos deben lidiar con esto. El mecanismo de una conciencia moral es algo innato. Aquellos que han resuelto no poder vivir con una conciencia culpable buscan alguna estructura moral para regular sus vidas. Ellos se dan cuenta de la necesidad de respetarse a sí mismos.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros ha oído hablar de no cristianos o incluso ateos perturbados por algún acto de robo casi imperceptible o una evasión de contribuciones en el pasado que ellos ya no podían vivir con estas, y le han confesado su fracaso moral a la parte perjudicada, y han actuado para rectificar la situación. Otros consiguen enviar dinero en secreto a la persona u organización que ellos sienten que han estafado, pero lo hacen anónimamente para evitar la detección y el bochorno. Todo esto debido a una conciencia culpable.

Algunos quienes han luchado fuertemente con el pecado y la culpa se han vuelto ascetas (aquellos que viven con una autodisciplina estricta y negación) como un mecanismo de autoprotección. Nos podría venir de sorpresa que las personas se unen a menudo a las religiones, no debido a su interés en Dios, sino porque el estilo de vida adoptado por la religión les asegura una conciencia relativamente limpia, y les proporcionará la ilusión que ellos, de hecho, están haciendo todo bien. Viviendo bajo reglas estrictas y modelos fijados puede tender a dar el sentimiento de ser moralmente limpio. Mucha de la autoayuda moderna y las religiones de la Nueva Era están diseñadas para satisfacer esta necesidad, y son realmente una forma de ascetismo, pero sin un Dios personal.

Desdichadamente, esta situación también prevalece en muchas iglesias cristianas. No es que las iglesias no enseñen sobre una relación personal con Dios (aunque algunas caen dentro de esa categoría), pero a menudo, los individuos que son parte de las iglesias realmente fallan al no extender la mano y asirse a esta relación. Ellos buscan una estructura moral, y eso es todo.  Estamos hablando sobre una tendencia que es común en los humanos: irse por el lado más fácil. Es más fácil aliviar una conciencia culpable que comprometerse con un Ser que le demanda que continúe hasta el final en el restablecimiento de su naturaleza pecaminosa.  Una cosa es intentar aliviar el dolor de una conciencia con problemas; y otra cosa es dejar un estilo de vida egoísta por una que es desconocida y difícil; y comprometerse con una Persona que usted no entiende totalmente y no puede ver. Por consiguiente, no es sorprendente encontrar que incluso en muchas religiones “cristianas” que se habla tanto de una “relación personal con Dios”, hay muchos quienes realmente nunca han buscado tal cosa; ellos simplemente quieren vivir cómodamente con ellos mismos y sus conciencias.

¿Realmente, cuán diferente es esto de un hindú o un budista? Ya que esta búsqueda por la seguridad moral ha sido notada por el mundo no religioso, ellos correctamente observan que “todas las religiones básicamente se tratan de lo mismo”, es decir, ellos satisfacen una necesidad espiritual interna para vivir una vida moralmente limpia. Los universalistas, percibiendo, en lo que a esto respecta, este común denominador en todas las religiones, así como la sinceridad de los que se les unen, naturalmente concluyen que todas las personas religiosas al final se salvarán. ¿Después de todo, qué distinción realmente se encuentra allí?

La Persona Perdida 

La verdadera cristiandad es única apuntándonos hacia un Dios que está personalmente tan preocupado con nuestras vidas que él mismo descendió a nosotros en su Hijo, para mostrarnos lo que debemos hacer para estar sanos y completo. Ante los ojos de Dios, no es suficiente vivir una vida “moral”. Nosotros realmente no lo podemos, puesto que nuestro concepto de lo que es bueno y malo es poco profundo y distorsionado. La naturaleza pecaminosa ha afectado nuestro juicio de lo que es correcto e incorrecto, bueno y malo; una vida que nos parece limpia no está limpia ante Dios. Necesitamos completamente una nueva naturaleza, un nuevo “motor”, por así decirlo. Jesús nos reveló la única manera que esto puede suceder: Dios de algún modo tendría que vivir dentro de nosotros, obrando una transformación desde adentro, por así decirlo. Él es el único que puede limpiar la casa si lo dejamos entrar, y le damos carta blanca sobre nuestras vidas. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis,” (Juan 14:16,17).  Si el Espíritu Santo entra y toma posesión de nuestros cuerpos y nuestros corazones, también el Padre y el Hijo morarán con nosotros. (v. 23)  ¿Con el Padre, el Hijo y el Espíritu viviendo con nosotros y “limpiando la casa”, cómo pudiésemos continuar caminando en una dirección incorrecta? ¿Cómo no podemos ver las cosas como Dios las ve?  Ésta es la belleza de la cristiandad, que el apóstol Pablo habla: “que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria (Col. 1:27).

Conoceremos así más claramente lo que es la real y la falsa cristiandad (así como la religión en conjunto). La religión en general, así como la falsa cristiandad, busca solo aliviar el dolor de la culpa y las limitaciones morales de uno. Los cultos van un paso más allá promoviendo la obediencia a una organización, como si fuese un tipo de “madre substituta” en lugar de una relación con Dios. La cristiandad, por otro lado, espera que usted se rinda a la posesión de Dios a través de la morada de su  Espíritu. Como con Jesús, Dios vivirá y hablará a través de usted, si le permite hacer su obra en usted. Cristo fue el modelo, después de todo, de lo que nosotros debemos de ser. El Padre y el Espíritu hablaron a través de Él; Jesús era transparente al Padre y al Espíritu (Juan 8:28,29; 12:48,49). Para recibir esto, debemos responder al llamado cuando Jesús toque a nuestra puerta:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. -- Ap. 3:20

No debe sorprendernos encontrar personas que meramente van a las iglesias tradicionales como un formalismo, o a lo mejor para aliviar sus conciencias. El hecho de que muchas de estas iglesias enseñen sobre la comunión con la Persona de Dios no garantiza nada, ya que “usted puede llevar un caballo al agua, pero usted no puede hacerlo beber”.

Lo que es aun más condenables son los grupos como los Testigos de Jehová quienes enseñan que usted no puede íntimamente conocer a Cristo, que usted nunca estará con Él, ni lo verá, y que las cartas de Pablo y los apóstoles ni siquiera se escribieron para usted, sino para unos selectos quienes todos ya han fallecido. Mientras emplean mucho tiempo hablando sobre una  “relación con Jehová”, esto no significa nada sin el Espíritu de Dios morando en la persona y la experiencia del nuevo nacimiento. Uno no puede conocer a Dios sin íntimamente conocer a Cristo (Juan 14:6,7). La Watchtower simplemente solo proporciona una atmósfera moralmente limpia, no obstante está desprovista de cualquier interacción real con Cristo. En este respecto, ser un Testigo de Jehová, en la experiencia real, no es en nada diferente de lo que es un devoto hindú o budista. Para la Watchtower, “conocer a Jehová”  realmente quiere decir percibir y obedecer las políticas de la organización. Siguiendo este procedimiento pueden darles algunos una conciencia relativamente limpia y una perspectiva buena sobre la vida, pero no hace nada para transformar la naturaleza pecaminosa en la nueva naturaleza de Cristo. No tienen ningún acceso real de Cristo como el Mediador. Es otra religión de regulaciones morales, como los Fariseos. “¡Pero nosotros frecuentemente hablamos sobre una relación con Jehová!” los Testigos pudiesen alegar.  Es cierto, pero “Jehová” tiene muy poco significado para el Testigo separado de las políticas y la estructura de la organización. Fe en Jehová significa fe en la organización--ambos son inseparables, así como la fe en el templo significó fe en Dios para los judíos en los días de Jesús (Jer. 7:4). Los Fariseos estaban orgullosos de su estructura religiosa, y se sentían bien sobre sí mismos, más que todos los demás de sus días. Ellos se sentían más limpios y más cerca de Dios que aquellos menos rígido en su estilo de vida. No obstante, al final, ellos facilitaron la muerte del Señor Jesús. Ellos escudriñaban las Escrituras, porque pensaban que ellos encontrarían la vida eterna, pero ellos no quisieron venir a la misma Persona de Él, quién solo podría darle esa vida (Juan 5:39,40). Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. (Ro. 10:3)

Esto no era nuevo en Israel. Este mismo escenario se había repetido vez tras vez desde los tiempos de Moisés en adelante, sobre todo cuando la nación empezó a poner su fe en la estructura religiosa de la Ley en lugar de aquél que la diseñó. ¡Los profetas fueron apedreados por los líderes religiosos, y los que eran más celosos para no tener sus conciencias ofendidas! ¿Cómo podría suceder esto? ¿Ellos no amaban a Dios, ya que ellos estaban intentando seguir todas sus reglas? ¿Si no, a qué realmente entonces ellos amaban?

Amor a la Estructura Moral 

En el tiempo de Jesús, vemos una clara confrontación entre un amor por Dios y un amor por una estructura moral. Amar a Dios es amar su carácter; lo que no podrá entenderse en su totalidad con simplemente repasar sus reglas. Pero amar una estructura moral realmente es otra cosa. Es el esfuerzo de uno mismo para liberarse de los efectos condenadores de la naturaleza pecaminosa en su propia conciencia; una motivación básicamente egoísta. Un fariseo caminaría en el otro lado del camino para evitar encontrase con el herido samaritano, para moralmente no contaminarse. Él diezmaría cuidadosamente la décima de especias, la menta y el eneldo y el comino, hasta la última semilla, para que su conciencia no le mortificase. Él se bañaría cuidadosa y meticulosamente, para no sentirse inmundo.  Él iría más allá de los requisitos de la Ley en todo, para que su conciencia sensible no sintiese que se quedó cualquier posible brecha en una regla. Para el observador casual, los Fariseos estaban cerca de Dios. Pero para Jesús, ellos eran excesivamente egoístas y alejados de la Persona de Dios.

¿No es curioso que nosotros hoy en día todavía observemos las cosas desde una apariencia exterior? Las personas promedio  perciben al Testigo del Jehová que llega a sus puertas como una persona devota con una conciencia muy sensible sobre lo que puede y no puede hacer para complacer a Dios. ¡Él no luce una barba, él no fuma, no dirá palabras soeces, él va a cinco reuniones por semana, e incluso va de puerta-en-puerta para enseñar a sus vecinos! Ciertamente esto debe ser la cristiandad, o por lo menos eso es lo que ellos piensan.

Ciertamente lo mismo sucedía en los días del imperio romano después de la muerte de Cristo. El judaísmo era la perla del mundo Oriental en lo que se refiere a sus ritos de limpieza y su apariencia exterior moral. Las mujeres prominentes de muchas culturas paganas se convirtieron al judaísmo, buscando sentirse limpias ante Dios y los demás. ¡Sus conciencias les molestaba vivir en una sociedad tan pagana! Éste absolutamente era el boleto. La cristiandad, por otro lado, no era impresionante para la mayoría. Allí todavía parecía haber problemas morales que infectaban la fe, ellos eran menospreciados por muchos porque adoraban a un hombre que había muerto, y ellos no parecían estar viviendo bajo ningún código legislado de ética. A ellos los prominentes los veían como viles; y como necios  por los intelectuales (1ª Co. ¿1:27,28). ¿Cómo podría uno sentirse seguro en tal desorganizado y casual puñado? ¡Era mejor poner la fe en una estructura segura!

Lo que el observador casual no veía era que la cristiandad miraba más allá de las leyes de Dios al corazón de Dios. Uno no podría discernir totalmente el corazón de Dios intentando seguir la estructura exterior de la Ley; uno debe tener un cambio de naturaleza. ¡La Ley sólo sirvió como un continuo recordatorio que ellos no podrían guardarla!  Así que la paradoja era que si una persona viniese a la Ley para ganar una conciencia limpia, su misma incapacidad para guardar la Ley totalmente le producía una conciencia culpable. Quienquiera que fuese bastante sensible para percibir esto y se afligiera por esto, acudía a Cristo en búsqueda del Espíritu de Dios para que le habitase. El nuevo nacimiento era la última solución al problema del pecado. La gracia y la paz en el reposo de Dios se volvieron su herencia. (Ro. 1:7; 8:6)

 

Recientemente una amiga (quién había estudiado una vez con los Testigos) vino donde mí y me dijo: “Me gusta estar más tiempo con los Testigos de Jehová que con los cristianos”. Le pregunté por qué. Ella dijo que admiraba su amor y su celo por Dios. Yo le pregunté cómo este amor por Dios se le manifestaba a ella.  La respuesta se encontró en su buena apariencia exterior y sus conciencias sensibles. Ella se sentía bien alrededor de estas personas, donde todos actuaban iguales, que con los cristianos que no siempre dan una consistente apariencia exterior.

“Hay una prueba”,  yo le dije, “para saber si ellos realmente aman a Dios”.  “¿Cuál es esa?” dijo ella.  “Es, si ellos quieren ó no estar con Jesús”, yo le contesté.  “La Biblia dice que el amor de uno por la persona de Cristo es la medida del amor de uno hacia Dios, porque Dios sólo fue manifestado totalmente en Cristo. En cualquier tiempo que usted desarrolle un fuerte amor por alguien, usted automáticamente querrá estar con él por el resto de su vida.  Pregúnteles a sus amigos Testigos de Jehová si ellos quieren estar con Jesús. Su respuesta será: ‘No, yo no. Yo quiero vivir en el paraíso en la tierra.’  Entonces les pregunta, si ellos aman su organización, y si ellos quieren vivir bajo la misma para siempre. Ellos le contestarán: ‘Sí’, porque ellos aman la estructura que proporciona. ¿Ahora, dígame, qué realmente es lo que ellos aman, a Dios o a la estructura?”  

¿Cómo ellos reaccionan cuándo se les confronta con la persona de Jesús? ¿Si el Nuevo Testamento entero nos dice que nosotros necesitamos nacer de nuevo y ser parte del cuerpo de Cristo, y ellos escogen la estructura exterior de una organización sobre eso, qué nosotros podemos concluir? ¿Ellos, no son virtualmente idénticos a los judíos religiosos del primer siglo?

Uno quien ha llegado a conocer a Jesús siempre dirá que él quiere estar para siempre con Jesús. Además, si él ha recibido la nueva naturaleza, él tiene el corazón del Señor latente dentro de él, para que él tenga la habilidad de percibir y seguir la voluntad de Dios en cualquier situación. ¡Escoger vivir bajo un sistema de reglas sería un paso mayor pero al revés! Pablo lo considera como una apostasía (Gál. 2:15-21).

La estructura fue un escalón para la cristiandad; un ayo para llevarnos a Cristo (Gál. 3:24). Pero, como Pablo nos dice: “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” (Gál.  3:25-27 Reina Valera 1960)


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