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reimpresión del marzo / abril del 1988 de Bethel Ministries Newsletter

 

Por qué Todos Los Cristianos Van Al Cielo  

 

Por Randall Watters

Traducido por David García Claussell de

Why All Christians Go To Heaven 

Mientras Jesús todavía estaba con sus discípulos en la tierra, Él les habló sobre la vida celestial:  

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.
Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.  (Juan 14:1-3)

Quizá usted estará diciendo, “yo no tengo el deseo de ir al cielo. Yo preferiría vivir en una tierra limpiada.” ¿Usted sabía que los apóstoles también se sentían de esta misma manera, por lo menos hasta antes de Pentecostés? La Biblia no nos indica sobre sus deseos de estar en el cielo hasta ese entonces. Usualmente ellos deseaban el prestigio del reino que Jesús habló, como cuando la madre de Santiago y de Juan les pidió que se sentase uno a mano derecha, y el otro a la izquierda de Jesús en su reino (Mt. 20:21). Pero los discípulos continuamente visualizaron un reino convencional terrenal de alguna clase, y sentían que se realizaría para ese entonces. Lucas 19:11 nos lo refiere:  

Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.

Incluso después de la muerte y resurrección de Jesús ellos se mantuvieron en esta idea, Hechos 1:6 dicen:  

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

Es sólo años después que nosotros encontramos el apóstol hablando desde su corazón sobre su esperanza en los lugares celestiales. Noten las siguientes expresiones:  

...y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús... ―Ef. 2:6

Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. ―2ª Tm. 4:18

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; ―Heb. 3:1

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; ―Fil. 3:20

...a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio. ―Col. 1:5

... para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. ―1ª Pedro 1:4

¿Dios, les dio un deseo sobrenatural de ir al cielo a estos discípulos de Jesús en lugar de vivir en la tierra, como lo enseña la Watchtower? Ningún tal deseo milagroso se indica en la Biblia. Más bien, su deseo absolutamente estaba basado en querer estar con Jesús de nuevo, dondequiera que Él estuviese.  Ap. 14:4 dice que: “Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va.”  Ellos habían llegado a conocer y amar a Jesús afectuosamente, y simplemente anhelaban estar con Él. Si Él se iba para el cielo, ellos querían estar allí con Él. 

Cuando Esteban fue apedreado, él sabía que iba a estar con el Señor. Él lo vio sentado a la mano derecha del trono de Dios en el cielo en una visión y oró, “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. (Hechos 7:59). 

En Juan 14:1-3 Jesús asemeja su ida al cielo como ir a la “casa” y “morada” para estar con Él y el Padre. En 2ª Co. 5:6-9 el apóstol Pablo se refiere a “estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.” 

Sencillamente es declarado, que un cristiano verdadero desea ir al cielo porque él ha estado cultivando una relación amorosa con Jesucristo, y él no sólo quiere estar con Él algún día, y valora tal promesa, pero se espanta por el pensamiento de perderse tal promesa

Tener tal deseo está basado en una relación personal, y no en una preferencia por un ambiente físico rodeándole, como así sugiere la Watchtower. Por ejemplo: Un hombre joven de California se enamora de una hermosa joven bonita y quiere casarse con ella.  Entonces ella se muda para Nueva York. Aunque el joven está bastante cómodo en California y no sabe qué le espera en Nueva York, su deseo es estar con ella a quien él ama. Él no se muda porque ama a Nueva York, ya que él no sabe nada sobre ese lugar. 

Así mismo sucede con uno quien verdaderamente pertenece a Cristo. Él no sabe nada sobre el cielo o lo qué le espera allí, como tampoco ningún hombre lo sabe. Pero él sí conoce a su Señor, y él quiere estar con Él. Esto precisamente es por qué Jesús prometió lo que Él nos dijo en Juan 14:1-3 (citado arriba). 

¿Y qué si entonces no tenemos ningún deseo de ir al cielo? Obviamente es porque nos hemos alimentando de alimento espiritual equivocado. En lugar de alimentarnos de la Palabra de vida y las promesas dadas a nosotros por Jesús, nos pudimos haber alimentado de doctrinas de hombres quienes se esfuerzan por robarnos las promesas de Dios que son para nosotros. Gál. 1:6-7 nos advierten:

Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 

¿Entonces qué nosotros debemos hacer?  Bien, así como una mujer debe conocer a su cabeza (su marido), así mismo nosotros también debemos conocer nuestra cabeza, Jesucristo. Como cristianos, se nos prometió un matrimonio espiritual con Él. Mirándolo de esa manera hace a éste asunto uno muy serio.  

Un Cuerpo con Una Esperanza 

En primer lugar, nosotros necesitamos clarificar por qué todos los cristianos un día estarán juntos. En Juan 15, Jesús se asemeja a una vid, con el Padre siendo el labrador. Sus discípulos eran las ramas, unidas a la cabeza que es Cristo. Si ellos se revelan como no siendo verdaderos hijos de Dios, ellos serán “cortados fuera”.  

Aquellos quienes verdaderamente han puesto su fe en Él, se les limpiará y llevarán más frutos. En los versos 4-6, Jesús revela cómo nosotros debemos “permanecer en Él” o “Él en nosotros ”.  

Pablo ilustra esto aún más. En 1ª Co. 12:27 dicen: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”  Los versos 12 y 13 dicen: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”  Pablo está diciendo que las partes individuales de un cuerpo son todas atadas a la cabeza; y el resultado final es que el cuerpo funcionará perfectamente como uno. 

Pablo también nos dice cómo Cristo le dio dones a los hombres para edificar este “cuerpo de Cristo”:  

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. ...crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. ―Ef. 4:11,12,15,16

El verso 4 en adelante del mismo capítulo dice: “un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo.”

Así que está bien claro que realmente hay sólo un cuerpo de Cristo, compuesto de verdaderos creyentes, y ellos todos tienen sólo UNA ESPERANZA. ¿Cuál es esa esperanza? Es su funcionamiento final como un “cuerpo” perfecto en el cielo junto a su Señor y Amo.  Para uno que verdaderamente se ha vuelto parte del cuerpo de Cristo, el solo pensar estar separado de su Señor y de su cabeza es de hecho espantoso. Los verdaderos cristianos tienen un fuerte deseo de estar con su Señor en el Espíritu, y un día en Su presencia física. Éste no es un deseo que se desarrolla por un orgullo espiritual o fervor religioso, sino que se desarrolla de la misma manera como ocurre en el afecto natural entre dos personas que se aman. 

¿Cuántos “cuerpos” de Cristo hay? ¿Cuántas esperanzas han sido señaladas para los cristianos? ¿Cuántos llamados hay? No nos dejemos engañar por estratagemas humanas. Jesús nos advirtió en Juan 10:7-9:  

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.  Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas.  Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

¿Cómo uno sabe si él es parte del cuerpo de Cristo? En Juan 3:3 Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Y en el verso 5 Él nos dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”  La clave estaría en “nacer del Espíritu” -- ser engendrado como uno de los hijos espirituales de Dios. 

La obra del Espíritu Santo es testificar sobre nuestra esperanza en Cristo. El Espíritu Santo trae convicción a nuestros corazones, para revelarnos personalmente a nosotros cuan pecadores e infelices realmente somos sin la sangre de Cristo para cubrirnos. Nosotros tenemos que llegar a comprender la dura realidad de que nada que nosotros podamos hacer puede agradar a Dios; porque no nos podemos justificar ante Dios (Ro. 3:20). Nosotros merecemos la muerte (Ro. 6:23). Nosotros debemos pedirle personalmente a Cristo que cabalmente cubra nuestros pecados; y que nos haga un nuevo hombre en unión con Él. El Espíritu Santo tiene que traer esa convicción a nuestros corazones, y nosotros o la llevamos a cabo ó rechazamos esta obra del Espíritu Santo. Mientras proseguimos a llevarla a cabo y le pedimos al Señor Jesús que comparta Su vida con nosotros, entonces es que nosotros nacemos del Espíritu. Todo es obra de Él; Él la ha empezado en nuestros corazones con la convicción, y está completándola morando permanentemente en nosotros a través del Espíritu. 

Esto no es siempre una experiencia emocional. Dios no obra a menudo por “sentimientos”. No obstante empezamos a notar los cambios reales en nosotros después de esto. Estamos conscientes de otra influencia en nosotros--animándonos a seguir adelante en un curso correcto, amoldándonos y disciplinándonos. Esto es solamente nuestro Señor y Salvador Jesús. Sentimos una nueva vida dentro de nosotros, según Ro. 8:11: 

Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Usted es ahora un hijo de Dios según el verso 14: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.  Usted tiene la esperanza de compartir con Él; usted es ahora parte del cuerpo de Cristo; usted es un heredero de todas las bendiciones que Él tiene para dar. Los versos 16 y 17 dicen:  

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Si usted es sensible a él, usted comprenderá que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven ahora con usted y han hecho su morada dentro de usted en el Espíritu, según Juan 14:17-23:  

...el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 

 ...y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. ...El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

¿Qué van hacer los cristianos en el cielo? Además de adorar al Señor (Ap.15:3-4), la Biblia también revela que nosotros reinaremos con Cristo como reyes y sacerdotes (Ap. 20:6). Quizás, como Ap. 5:10 sugiere, algún día reinaremos sobre la tierra, como el griego literalmente lo verte. Esto también armoniza con Ap. 21:2-3, el cual después de hablar de un nuevo cielo y una nueva tierra, dice:  

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

Literalmente dice que Dios morará con Su pueblo en la tierra. ¿Y quién viene siendo el “Dios manifestado en carne” sino Cristo mismo?  

La nueva tierra permanecerá para siempre. El cuerpo glorificado de Cristo al parecer tendrá acceso a esto.  El libro de Apocalipsis es un libro de profecías donde hay cosas que deben ser entendidas totalmente, pero una cosa es segura: Aquellos quienes han puesto su fe y han confiado en las promesas del Cordero y esperan compartirlas, morarán con Él para siempre.  


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